ferocitas

CUATRO COSAS

Posted in Amor, Corazón, En llamas, Muerte, Vida by jgtejeda on noviembre 25, 2009

CUATROCOSAS

fuego, agua, amor, muerte

EL INFIERNO

Posted in Amigos, Miedo, Muerte, Vida by jgtejeda on noviembre 21, 2009

Me voy a comer con unos queridos amigos al Lili Marleen. Entramos abriendo una sobrecortina de plástico bajo un escudo y una bandera, y me encuentro de inmediato en el infierno. Las paredes están sobrecargadas sin dejar apenas espacios libres, es una decoración folklórico militar agobiante. Muñecas alemanas, escudos, galvanos, retratos de militares, banderas, trofeos y cientos de pequeñas fotos enmarcadas. De pronto los marcos me recuerdan a los de mis acuarelas, qué barbaridad…. Imágenes triunfantes y cariñosas de Pinochet con o sin capa, en forma de busto o de figurilla, también de sus colaboradores, más militares, una palilimrada militar en miniatura dentro de urna de vidrio de más de un metro de largo que finalmente resulta ser una recreación del funeral de don Augusto… alusiones nazis, mucha cosa patriotera alemana y/o chilena, imágenes del Kaiser, de Wagner, etc… Atienden unas chicas uniformadas que sonríen y se mueven con firmeza. La dueña es una dama elegante y afable, parece salida de una película de Fassbinder. Mientras ocupamos una mesa me llega el sonido inmisericorde de las marchas alemanas, son aires militares más que musicales. Tal como las fotos y cachivaches de las paredes no dejan espacio alguno en blanco, las marchas repletan el ambiente sonoro evitando el silencio. Grandes vasos de cerveza alemana de muy buena calidad. Luego me zampo una salchicha con mostaza, excelente, bajo la mirada atenta de Pinochet y el Papa Juan Pablo II, que es otro de los personajes recurrentes. La clientela es esa cosa un poco gris o provinciana que si se te enojan mejor desaparecer. De pronto me siento sofocado, me dan ganas de estar afuera. Me agobia este restaurante temático obsesivo. ¿Por qué razón he ido a meterme allí? Igual estuve 10 años secuestrado en el Liceo Alemán. Animado por la cerveza, recuperada mi integridad republicana y artística, comienzo a emitir algunas opiniones en voz alta, que me parecen muy divertidas, y además justas…. Noto que las pupilas de mis amigos se mueven con alarma, mientras me recomiendan silencio y piden la cuenta, que llega en un librito dorado pero falso que es una caja, dentro hay unos caramelos, y en pocos minutos me encuentro de nuevo en la calle Julio Prado, mis amigos vuelven a estar tranquilos y cariñosos. Qué bonito es regresar al mundo de los vivos.

TODO CAMBIA

Posted in Antiartista, Muerte by jgtejeda on noviembre 21, 2009
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MONO OLIVÁREZ

Posted in Amigos, Amor, Antiartista, Cotidiano, La vida misma, Muerte by jgtejeda on noviembre 21, 2009

Anoche, junto a su familia (Sonita, Pablo, Rodrigo) y a los que fuimos sus amigos, evocación del Mono Olivárez a diez años de su muerte. El evento se llevó a cabo en un local cultural del Banco del Estado, en la Alameda, primero hablamos, luego el Roro nos brindó unas piezas musicales. Podría haber estado el propio Mono entre los asistentes… Sufrí cuando no lo tuve ya más al teléfono o conversando infinitamente un almuerzo. Amo a los espíritus libres, me derrito ante una cabeza emocional con energía propia. El Mono dedicó su vida a construir su propio personaje, a la conversación ilustrada, a los suyos, a la lectura, a la literatura. Él cultivaba la leyenda, no la historia. Como dijo Federico Schopf, el Mono aparecía y desaparecía, jamás se empoderaba, lo suyo era la periferia casual, y debajo de esa aparente ligereza, de esa especie de abandono, había un sacerdote manejando unos códigos estrictos, irrenunciables. Me aceptó en su mundo como casualmente, sin estrategias, y de él me fue llegando el espíritu del sur, la risa local, la finura perceptiva, la capacidad de escuchar y de decir, el manejo del tiempo. El Mono inauguraba a su paso un nuevo ecosistema regido por leyes orgánicas. Era atento a lo que yo hacía, observaba mis dibujos perturbados, leía mis textos cuando empecé a escribir más en serio, vino alguna vez a mis cumpleaños. Pero sobre todo compartíamos el menú de los empleados del diario La Epoca, y a menudo me conseguía un ticket de colación. Su grupillo almorzaba en un local al cual le llamaba él jocosamente “El Pabellón de Chile”, o en otro situado en una galería comercial de la calle San Diego, entre imprentas pequeñas, al que denominaba “El Chechenia”. El Mono era para mí la risa tocada de ternura y salpicada de pasiones. Siempre nos llevamos bien, conversábamos una o dos veces al mes, y su confesionario lo admitía todo, mezclaba lo escuchado y lo devolvía en forma de cock-tails asombrosos, donde se alternaban el relato llovido de sus tierras con los pistoletazos comprimidos de sus dichos. No era producido el Mono sino espontáneo. Nunca tenía problemas. Yo siempre estoy bien, afirmaba riéndose. El que me quejaba era yo, arrastrando mi alma por entre los matorrales de cemento de esta ciudad. El Mono dominaba los dialectos de mi padre, también de familia sureña. Era un antiescritor, como Nicanor ha sido un antipoeta y como yo he sido, a mi modo, un antiartista. Hasta la victoria siempre.

CRISTO SANGRANTE

Posted in Antiartista, Ferocitas, Infancia, Muerte by jgtejeda on noviembre 21, 2009

Ferocitas es también la infancia

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