SATURNALES
Celebraban alegremente los romanos las saturnales, a fin de año, en mitad del invierno, para levantar el ánimo: dos semanas sin trabajar, ni siquiera los esclavos, mucho banquete, regalos, o sea lo que conocemos hasta hoy como navidad, salvo el detalle de que se la apropiaron los cristianos y le metieron un poco de sufrimiento, pecado, culpa y alguna misa. En Chile tanto regalo y comida se atragantan por ser no la fecha más oscura del invierno, sino el verano en su esplendor. Yo igual disfruto con los regalos recibidos y hechos, que regalar me gusta. También la navidad es cosa de familia, y muchas familias parecen pegadas con saliva, así es que hay navidades medio fragmentadas, a punto de romperse. En muchos casos deciden suprimir los regalos para no participar en faramallas, otros quitan la cena o el colesterol o la carne o la mayonesa, muchos deciden no beber, y para el año nuevo nada de fuegos artificiales por favor. Los rituales, en todo caso, pueden fastidiar y sin embargo disuelven la angustia natural, adornan el tiempo, organizan estéticas, gestos, en fin. El pavo perdió la batalla y yace en la olla, en dos grandes trozos, salpicado de ciruelas y de una salsa aromática. La mesa está puesta, muy bonita y a la vez sobria. El arbolito, un poco raquítico pero aún enhiesto, rodeado de regalos. Un poco más y llegan a mi casa los reyes magos, gracias por la mirra…. Dicho de otro modo: pero además del hambre, señores -habla Mairena a sus discípulos-, tenemos el apetito, el buen apetito, los buenos apetitos. Yo os deseo que no os falten nunca…. sin ellos tampoco se realizan las grandes obras del espíritu

deja un comentario